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A contramarcha de lo que conocemos como viaje
convencional, una nueva modalidad adopta a la brújula
y la guía, el “turismo experimental”.
No es un invento que se le ocurrió a alguien en particular,
solo fue surgiendo como imposición de las circunstancias.
Salir con poco o sin dinero e ir usando la imaginación
para ir trasladándose y proporcionarse las eventuales
necesidades de un tentempié. Es para los más
osados, ya que resulta un desafío.
Mucho más si se desconoce el idioma. Esta experiencia
se debería experimentar al menos una vez en la vida,
la sensación que produce andar por ahí con los
bolsillos pelados y ver el misterio que depara la comunicación
con los demás humanos es una experiencia que suele
llevar a conocer lugares impensados y conectarnos con gente
inesperada.
Imagínate por un momento con un cartel en el pecho
en las afueras de Madrid y con destino a un lugar insólito
por ejemplo: Sumbawa, la isla del archipiélago malayo,
seguramente desorientara al más orientado de los viajeros
y puede captar la atención del automovilista hipercurioso.
La Wikipedia, describe al “turismo experimental”
>como una nueva aproximación al turismo en la cual
el viajero no visita los lugares tradicionales turísticos,
o por lo menos no de la forma tradicional o de las más
comunes, sino que se deja que el azar o el capricho los guie.
Con esta modalidad de viajes, algunas parejas suelen desafiarse
tomando rumbos opuestos e intentando al final del día
encontrase en algún lugar no predeterminado. Hay quienes
sostienen que el amor puede llegar a orientar los pasos de
uno hacia el otro. Los cultores del juego suelen apelar a
los dados. Se cruzan los mapas con coordenadas numeradas,
se tiran los dados sobre el mapa, se suman puntos y deciden
que destino seguir en función del azar.
Supimos del caso de un periodista francés con inclinación
a este tipo de experiencias novedosas que cruzo la ciudad
de Luxemburgo con sus ojos tapados llevando como lazarillo
a su esposa. La bella y antigua ciudad le resulto un cumulo
de sabores, olores y ruidos solo ilustrados por su complaciente
esposa. Al cabo de unos cuantos dias, quitose los apósitos
que cubrían sus ojos y dejándose llevar por
los recuerdos olfativos y audiovisuales se dejo llevar de
nuevo por la ciudad. “Me guiaba el recuerdo preciso
de cómo era, y aunque me equivocaba en los detalles,
había conseguido captar su atmosfera. Mi idea estaba
bastante mal, pero vaya paradoja, bastante acertada”,
termino explicando.
El periodista Joël Henry quien fundo el Laboratorio
de Turismo Experimental, fue quien le dio nombre a esta modalidad.
Compila ideas para viajar con total desenvoltura sin las ataduras
del turismo tradicional, solo es requerido cumplir estrictamente
con las reglas del juego. Este tipo de turismo se basa en
la diversión que puede llegar a proporcionar.
Algunas ciudades son poco propensas a las bromas, con las
precauciones del caso, la idea consiste en apostar al juego
y romper las reglas. Perderse en una ciudad resulta más
habitual que lo pensado, que esa situación crea angustia,
también. Para decirlo de manera marcquetinera, el “turismo
experimental” hace del problema una oportunidad. Es
bueno tener presente al intentar esta modalidad aquel dicho
antiguo: “si el mundo es redondo, en algún momento
llegaremos al punto de partida”.
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