|
Su gente y sus ritos son un pequeño
y muy colorido sector que esta enclavado en medio de un barrio
que tranquilamente podría estar en muchos lugares.
Pero le toco estar en Miami y es el centro
comercial de la Pequeña Haití, uno de los tantos
tesoros ocultos de la ciudad estadounidense. Nos vamos a encontrar
con tradiciones, aromas y sonidos impensables para el resto
de esta ciudad.
El Miami Desing District, la zona exclusiva
donde se marcan las ultimas tendencias del buen vivir, esta
unas 20 cuadras al sur. El furor inmobiliario que envuelve
a la zona poco a poco esta llegando a Little Haití.
Algunos jóvenes artistas ya se encuentran instalando
sus talleres en este rincón de la ciudad.
Una porción de Puerto Príncipe,
en 2ª Avenue, entre la 78 y la 80 NE, late en sus calles,
también, de su gente y aromas.
El rojo y el azul de su bandera se los pueden
ver por todas partes. Esas cuadras están sobrevoladas
por suspiros y santos del vudú, una de las más
arraigadas tradiciones de la isla.
En las cuadras del 78 hasta la 80, están
aglomeradas casas de música, varias botánicas,
peluquerías y los comercios pintorescos que venden
todo lo necesario para la ceremonia del vudú.
Little Haití tiene
un microcentro que es un festival para los sentidos, su hipnótica
atmosfera comienza el plana calle donde suena una alegre música
con letras en creole que es una mezcla del francés
con diferentes idiomas africanos.
La música va saliendo de unos gigantescos
altoparlantes que las disquerías y los salones de belleza
instalan sobre la vereda.
En las peluquerías, al otro lado de
la calle sigue la música.
En el 5910 de la 2ª Avenue, está Vierge Miracle
y St. Philippe, que es una de las más populares botánicas
del barrio.
Seguimos el recorrido por Brave Guede, el
almuerzo en USA Sea Food resulta un nuevo desafío a
los sentidos. El enorme y exquisito plato de arroz con guiso
de cerdo, banana frita y frijoles negros es sólo una
de las recetas típicas haitianas que se ofrecen. Una
bellísima haitiana que juega el papel de moza, nos
protestará si llegamos a dejar algo de todo lo que
sirvió en el plato.
Para hacer la partida más lenta, para
no irnos del todo, está el regreso en el autobús
haitiano: pequeñas camionetas blancas, sin paradas
definidas ni capacidad máxima. Donde, las charlas en
creole y el contacto con la gente son la cálida despedida
para los viajeros.
|